Review: 1917.

«There is only one way this war ends. Last man standing.»

Nos han contado miles de historias desde todas las perspectivas posibles sobre la Primera Guerra Mundial y, aún así, el género bélico sigue dando de que hablar. Este año le ha tocado el turno a Sam Mendes (director de American Beauty y Skyfall, entre otros) y lo que podría haber sido una película más, se ha convertido en la gran sorpresa de los premios cinematográficos del 2019. Pero, ¿en qué destaca frente a las demás? ¿merecía realmente el Golden Globe a Mejor Película Dramática?

Sin ninguna duda, lo que hace diferente a esta cinta es que visualmente es espectacular pues, además de la fotografía que merece un Oscar, Mendes se adentra en el maravilloso mundo del plano-secuencia, que siempre da tanto de que hablar. Esta herramienta puede convertirse en un handicap si no se utiliza apropiadamente ya que supone una gran complejidad grabar de esta forma pero, en 1917, consigue que seas un soldado británico más que intenta terminar la guerra para volver a casa con sus seres queridos. Logra introducirnos de lleno en las desoladoras trincheras de este acontecimiento histórico, rodeados de cadáveres y, sobretodo, nos hace sentir el torbellino de emociones que sufren sus dos protagonistas. Es frenética y caótica. Durante 119 minutos seguimos sin descanso a dos soldados (George MacKay y Dean-Charles Chapman) en una peligrosa misión: entregar una orden a un batallón de miles de hombres que no saben que el ejército enemigo les ha tendido una trampa y de esta forma, salvarlos de una muerte segura.

En la época que vivimos el cine está plagado de efectos especiales. Como habéis podido comprobar en el vídeo anterior, Mendes reniega de todo eso y reivindica la cámara como único elemento generador de emociones a través de la puesta en escena, cosa que hace que la dirección tenga mucho más mérito. Puede que respecto al guión sí que encontremos alguna que otra pega ya que a penas tiene historia ni da mucho de que hablar pero es que tampoco se echa en falta mientras estás viendo la película, ni siquiera se te pasa por la cabeza que sea necesario, podrían estar callados y la disfrutarías de la misma manera. Lo que importa de esta cinta es la experiencia del viaje.

Por último pero no menos importante, quería añadir que lo mejor de este film no solo recae en que se haya grabado simulando una única toma sino que también hay que destacar lo real que es. Sus personajes no son héroes de guerra ni mucho menos, son hombres que desgraciadamente les ha tocado ir a luchar dejando atrás a sus familias y como cualquier humano en esa situación no piensan ni actúan como deberían hacerlo o al menos como estamos acostumbrados a ver en la gran pantalla, solo buscan sobrevivir. Se mueven constantemente entre la responsabilidad de cumplir su misión y el pánico de enfrentarse a todo lo que eso conlleva, tambaleándose en la fina línea que separa la vida de la muerte en cada instante, que es lo que consigue que vivamos cada segundo con un nudo en el estómago.

En mi opinión, sin ninguna duda Sam Mendes merecía ganar el Golden Globe a Mejor Dirección, hace un increíble trabajo dirigiendo este film y más cuando te enteras de que durante las tres o cuatro semanas de rodaje tuvo una lesión en el pie y a penas podía seguir el ritmo de los demás cuando había que correr. Como ganadora de Golden Globe a Mejor Película Dramática no estoy del todo segura, creo que este año el nivel de películas está bastante alto y hay auténticas joyas cinematográficas así que, respecto a esto, los premios están muy reñidos y al final todo depende de gustos. Ahora solo faltan los Oscars, en menos de un mes tendremos a los galardonados y podremos saber si también la consideran la mejor película del 2019. Yo desde luego tengo otras favoritas por delante, ¿y vosotros?

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